Fin de semana de emociones.
Sentir el calor del hogar fuera del hogar.
El calor irradia de las personas, de la interacción, de las risas compartidas.
Sentir eso que tanto extraño, que sólo en vagos recuerdos infantiles sé que alguna vez sentí, pero que ya no está.
La ley de la vida dice que las crías vuelan del nido. Pero una golondrina que aun no puede salir del nido y se está quedando sola. Vuela de vez en mes al nido de sus hermanos, a sentir el calor de hogar.
Las cosas no marchan bien, y se extraña la alegría y la simple permanencia en casa de la gente que quiero.
Es como si toda la gente que más amo siempre es la que primero debe marcharse. Dejando un vacío irreparable en mi corazón.
Me alimento de imágenes y sonidos que alguna vez escuché. Cumpleaños a los que alguna vez asistí. Momentos que alguna vez compartí junto a mi "familia".
Familia, fuente de constante alegría y llantos.
Herida constante que nunca sanará.
No quiero que el tiempo siga corriendo porque temo perder a todos los que me importan, así ha sido la vida conmigo. No sé si será a propósito. Entregarte lo mejor, para después arrebatarlo y valorarlo. O Simplemente duró lo que debía durar.
Sea la razón que sea, duele.
Duele estar escribiendo esto escuchando mi canción favorita.
Cada vez me siento más sola, veo como todos se van.
Y en este preciso momento de quiebre emocional, te siento ausente.
No sé que nos pasó de nuevo, no sé por qué la despedida fue tan fría.
Pero te necesito, necesito saber que no estoy sola.
Necesito saber que no estoy sola.
Necesito creer que no estoy sola.
Por favor,
dime que no estoy sola.